FATIGA INTELIGENTE PARA PROGRESAR MEJOR

En alguna que otra ocasión os hemos hablado de que tenemos que escuchar a nuestros cuerpos en cuestión de descanso, tratando de evitar los sobre-entrenamientos. Ahora bien, esto no significa sucumbir a las primeras de cambio a nuestros pequeños retos diarios. Para clarificar como gestionar nuestros descansos en función de la carga de entrenamiento acumulada, lo primero que debemos distinguir es entre fatiga muscular y cansancio.

La cantidad de fatiga ha de ir en consonancia a la intensidad en tus entrenamientos, de manera que al final del día generaremos un saldo en cansancio admisible y necesario para nuestro progreso. En el fondo, la alteración psicológica que generaremos es mínima.

Ahora bien, si nos pasamos, es decir, sometemos al cuerpo a un tiempo prolongado a sesiones que nos dejen una fatiga muscular elevada, podemos estar influenciando negativamente en nuestro rendimiento.

La clave para incluir mayor volumen a los entrenamientos reside en este balance entre recuperación y fatiga. Generalmente, nuestro cuerpo tiende a engañarnos y hace que “salten las alarmas” antes de tiempos indicándonos signos de cansancio mucho antes de que las reservas se agoten. La cuestión surge cuando llevamos metidos en rutina mucho tiempo, y nos acostumbramos a ese cansancio, tanto que todo se invierte, es decir, que llegamos a pensar y sentir que cuanto más nos castiguemos, más vamos a progresar.

Esto sí un error, pues la efectividad de nuestro entrenamiento no se mide en tiempo, y mucho menos en cansancio. Hemos de tratar en nuestros entrenamientos de procurarnos la intensidad ideal que nos permita progresar. Esto lo lograremos con la ayuda de un entrenador o monitor y a base de conocernos lo suficiente como para saber cuándo nuestro cuerpo nos avisa con falsas alarmas y cuándo realmente nos estamos pasando y superando sus límites a largo plazo.

Se trata de burlar esos avisos más psicológicos de nuestra mente exagerando sobre las consecuencias del ejercicio y de que hemos alcanzado el límite. Estos además tienen mucho que ver con la ingesta diaria de hidratos de carbono, una correcta hidratación y, en general, una dieta saludable. Si reducimos las dosis de hidratos, especialmente de los polisacáridos, la fatiga llegará antes, y la sensación de cansancio será mucho menos tolerable para nuestra mente. Se trata de una barrera superable en función del objetivo que nos hayamos marcado, y con una dieta ajustada a nuestras necesidades.

Y en cualquier caso, nunca viene mal, si llevamos semanas y semanas castigando a nuestro cuerpo, un día de descanso extra, si este nos lo pide. No perderemos lo conseguido, todo lo contrario. A nuestro cuerpo le cuesta mucho más olvidar que a nuestra mente.

Etiquetas: , , , Alcalá, Blog

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*