EL CALCIO Y LA ACTIVIDAD FÍSICA

Hoy vamos a hablaros de uno de esos nutrientes esenciales que no podemos descuidar y que, en algún caso, puede llegar a plantear cierta confusión. Nos referimos al calcio, un elemento del que nos llevan diciendo desde que somos niños que debemos tomar “si es que queremos crecer”.

No van desencaminados aquellos padres que apuntan esto, pues se trata de un mineral extremadamente importante para huesos y dientes, y que puede llegar a requerirse en cantidades mayores en momentos específicos de nuestra vida, como durante la infancia, la adolescencia o para las mujeres en período de lactancia.

A nosotros, como es lógico, nos interesa conocer además cómo puede llegar a influir la presencia o ausencia de calcio en la dieta en relación con nuestro rendimiento deportivo. Hay que decir que el calcio ayuda a prevenir enfermedades cardiovasculares porque reduce el volumen de colesterol en sangre, y suele ser un buen remedio para evitar calambres o contracturas en la musculatura. Es más, ayudan a que el músculo trabaje de forma adecuada. Por supuesto, su toma es esencial para combatir la osteoporosis.

¿Qué ocurre si no consumimos el suficiente calcio? Del total del calcio que tenemos en nuestro organismo, cerca del uno por ciento circula por el torrente sanguíneo. Uno de los factores que puede repercutir en que esos niveles se vean diezmados es el consumo de proteínas. Para nosotros, esto es algo de lo que no podemos prescindir, es decir, aumentar las proteínas de nuestra dieta en función del trabajo muscular que queramos potenciar y nuestros objetivos. Son fundamentales, sí, pero también atacan a nuestros niveles de calcio en sangre. Y es que con la toma de alimentos proteicos nuestro cuerpo libera sustancias ácidas que se combaten por la acción del calcio.

De este modo, los niveles de calcio disminuyen, y el cuerpo trata de paliar esta situación obteniendo el calcio de los huesos, algo que favorece la aparición de la mencionada osteoporosis. De ahí que sea recomendable estar al tanto de la dosis de calcio que tomamos.

Podemos incluso ayudar a nuestro organismo con alguna costumbre a la hora de comer, como por ejemplo, añadiendo de forma moderada quesos a las ensaladas, tomando azúcar moreno en lugar de blanco y utilizando condimentos como el perejil o la albahaca. La fruta fresca, los frutos secos y las legumbres son alimentos que también contribuyen a aumentar nuestros niveles de calcio.

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